|
Por Fernando Bryt
Federico, de 9 años, estaba sentado en silencio en su pupitre al fondo de la clase borrando la última palabra que había escrito. Debía tener mucho cuidado porque ya había borrado esa palabra tantas veces que el papel empezaba a romperse. Le habría gustado pedir a la maestra una hoja nueva, pero no se atrevía. Miró a sus compañeros y se dio cuenta de que casi habían terminado el trabajo. ¡El ni siquiera había escrito dos líneas completas! Federico empezó a preocuparse. Sabía que muy pronto la maestra le pediría que entregaran los trabajos y, otra vez, tendría problemas por no haberlo terminado. Se quedó sentado sintiéndose lento y estúpido y, sobre todo, triste. Sabía por qué borraba tanto. No lo hacía porque quisiera, sino porque sentía que debía hacerlo. A causa del Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) que padecía, Federico quería hacerlo todo perfecto. Desde luego, la otra parte de Fede no afectada por el TOC sabía que, por mucho que lo intentara, no podía ser perfecto todo el tiempo. Pero la parte afectada por el TOC siempre estaba preocupada por hacerlo todo a la perfección. Por ejemplo, la palabra que escribía. No era nada del otro mundo, solo una palabra. Pero no conseguía hacer la “a” de forma que quedara bien alineada, por lo que la borraba una y otra vez. ¿Cómo podía explicarle sus sentimientos a la maestra para que le entendiera? De repente, la maestra se acercó a su mesa y le agarró el papel. —Veo que tampoco hoy has terminado tu trabajo, Fede –dijo ella moviendo la cabeza. Por la tarde, al terminar las clases, la maestra llamó a Fede. — Tengo una nota para tu madre. Dásela, por favor. Durante todo el camino de vuelta iba preguntándose qué diría la nota. Estaba nervioso porque, por la mirada que tenía la maestra cuando se la entregó, estaba seguro de que no serían buenas noticias. Cuando Fede llegó a casa, le dolía el estómago. — Ya estoy en casa –gritó, dejando su mochila y corriendo arriba a su habitación. Su madre le encontró poco después enroscado en su cama. — ¿Un mal día, Fede? –le preguntó retirándole el pelo grueso y oscuro de los ojos. — La señorita te ha enviado una nota, mamá –dijo Fede–. Creo que he metido la pata otra vez –murmuró con tristeza. Su madre salió de la habitación y regresó poco después con la carta en la mano. Sentándose al lado de Fede en la cama le dijo: — ¿Por qué no la leemos juntos? “Querida Sra. Fernandez, Fede no hace los trabajos de clase. Aunque es muy inteligente, no parece intentarlo. Es preciso que hable usted con él”. Doblando la nota su madre dijo: — Bueno Fede, ¿crees que no haces los trabajos por pereza? — No mamá –contestó Fede–. Lo intento de verdad, pero a veces las cosas no salen como quiero. Como hoy, que me quedadé estancado en una palabra estúpida porque no me salía una de las letras. Su madre le pasó un brazo por los hombros: — ¿No crees que ya va siendo hora de contarle a la maestra lo del TOC y cómo te hace actuar a veces? Fede murmuró: — No quería que lo supiera, mamá, no quiero ser diferente de los demás. Su madre le contestó: — ¿Sabes una cosa, Fede? Eres diferente de los demás. El TOC es sólo una pequeña parte de esa diferencia, porque sólo es una pequeña parte de ti como persona. Creo que ya es hora de ayudar a la señorita a entender lo que te ocurre. ¿Qué te parece? Al día siguiente, antes de empezar la escuela, Fede y su madre fueron a ver a la maestra. Fede le dijo que estaba en tratamiento de su TOC, y tuvo que explicárselo a su Maestra. ¡Qué nervioso estaba! Le explicó a la maestra por qué no pudo acabar el trabajo escrito el día anterior. Después, suspiró hondo y le habló sobre otras veces que se había sentido preocupado y ansioso en la escuela. Le dijo cosas como que, a veces, sin importar cuánto tiempo tuviera que pasar en el baño, no se atrevía a salir al pasillo hasta que viera pasar a otro niño. Le explicó que, aunque SUPIERA que eran bobadas, la parte del TOC de su persona le hacía sentir que había algo malo en el pasillo que le podía “atrapar”. — Me preocupo mucho –dijo Fede a su maestra, con las palabras saliéndole a borbotones–, pero intento que no se me note. La maestra le contestó: — Fede, sos uno los alumnos más listos que tengo. Me alegro mucho de que me expliques esto de tu TOC; así ahora puedo entender por qué has tenido problemas con tus trabajos. Tú, tu madre y yo formamos un equipo y todos tenemos que colaborar para que puedas sentirte bien en la escuela. Ahora, hablemos sobre qué podemos hacer en clase para ayudarte cuando el TOC te bloquea y para que no te sientas frustrado. Esta historia refleja la realidad de pocos niños, la mayoría de aquellos afectados, no saben que padecen un trastorno, se creen tontos o “miedosos” o que van a enloquecer. Tampoco lo saben padres y maestros, lo que le ocasiona al niño tener que enfrentarse a situaciones humillantes, afectando su autoestima y su desarrollo. Uno de las finalidades de la psico-educación es capacitar a padres y docentes para detectar este tipo de problemas y tener herramientas para una adecuada inclusión educativa. Del libro: TDAH - TEA Estrategias para padres y docentes. Fernando Bryt. Diplomado en inclusión educativa TDAH TEA A distancia https://www.psicologos-montevideo.com/diplomado.html
0 Comentarios
Tu comentario se publicará después de su aprobación.
Deja una respuesta. |
Archives
Noviembre 2025
Autor
Mi vocación es la psicología clínica, tanto en diagnóstico como en tratamiento. Por ello fui en busca de formación en centros de referencia de distintas culturas y sigo mi camino de crecimiento, siendo mis pacientes mi fuente más preciada de aprendizaje. Categorías
Todo
|

